Batalla en el metro en hora puntaPor avería, el servicio entre las estaciones de Atocha y Tribunal no se presta con normalidad.
En el tren viajamos unas 600 personas.
Por avería se ruega desalojen el tren.
Nos bajamos en un andén repleto.
Por avería el servicio entre Atocha y Tribunal se presta con un retraso estimado entre 15 y 20 minutos.
En el andén nos vamos multiplicando como los panes y los peces.
Por avería el servicio entre Atocha y Tribunal se presta con un retraso estimado de más de 30 minutos.
Un millar de personas esperando.
Al fin llega un tren.
Un vagón tan relleno de cuerpos que parecen pegatinas sobre el cristal de las ventanillas.
Sabemos que sólo lograrán entrar unos pocos. Los más fuertes.
Tras de mí una minúscula y fragilísima señora ecuatoriana de mediana edad se revuelve inquieta.
Demasiado pequeña. No tiene nada que hacer.
Yo tengo posibilidades porque soy más alta; es lo que tiene la alimentación del primer mundo.
Además, llevo taconazos y no dudaré en utilizarlos.
Se abren las puertas.
Arremetemos contra la masa humana del vagón,
Además, llevo taconazos y no dudaré en utilizarlos.
Se abren las puertas.
Arremetemos contra la masa humana del vagón,
como estrellas del rock lanzándose sobre sus fans.
Pero no se trata de fans.
Chaparrón de quejas e insultos.
Bestia. Auch. Imbécil. Ay. No ves que no cabes. Animal.
La mayoría de las estrellas del Rock rebotan de nuevo al andén como pelotas de frontón.
Yo tengo suerte, ¿suerte?, y me fundo con el magma humano.
Las puertas se cierran.
El magma se tranquiliza y mi cuerpo recupera sus límites.
Es entonces cuando me doy cuenta que llevo a la señora ecuatoriana colgada del brazo.
Parece más alta, porque está suspendida entre los cuerpos y los pies no le llegan al suelo.
La miro. Me sonríe.
Fuerte. Inmensa. Superviviente.
Admirable.
Un extraño bienestar me invade.
La demostración que el ser humano puede con todo.
Que sólo se trata de ir aceptando e ir ganando pequeñas batallas.
Oncólogos que sólo dan malas noticias.
Ex que por amor paternal me enviarían al patíbulo.
Amantes que le quieren a uno con mala letra.
Las pantallas de juego que me tocan.
Bestia. Auch. Imbécil. Ay. No ves que no cabes. Animal.
La mayoría de las estrellas del Rock rebotan de nuevo al andén como pelotas de frontón.
Yo tengo suerte, ¿suerte?, y me fundo con el magma humano.
Las puertas se cierran.
El magma se tranquiliza y mi cuerpo recupera sus límites.
Es entonces cuando me doy cuenta que llevo a la señora ecuatoriana colgada del brazo.
Parece más alta, porque está suspendida entre los cuerpos y los pies no le llegan al suelo.
La miro. Me sonríe.
Fuerte. Inmensa. Superviviente.
Admirable.
Un extraño bienestar me invade.
La demostración que el ser humano puede con todo.
Que sólo se trata de ir aceptando e ir ganando pequeñas batallas.
Oncólogos que sólo dan malas noticias.
Ex que por amor paternal me enviarían al patíbulo.
Amantes que le quieren a uno con mala letra.
Las pantallas de juego que me tocan.
Le diría a Calderón, que la vida es juego y nada más.
Aunque a muchos nos dé miedo meternos en el campo.
Que a veces nos invade el alma de suplente,
Que a veces nos invade el alma de suplente,
y nos hace vivir fuera de juego,
dedicarnos a contemplar el campo desde la banda,
Quedarnos con los jugadores del banquillo,
dedicarnos a contemplar el campo desde la banda,
Quedarnos con los jugadores del banquillo,
que es más cómodo,
como el Hombre de la luna,
que pasa la vida pensando lanzarse al campo.
Otras veces conseguimos no andar fuera de juego.
Que vivir sólo consiste en tratar de ir ganando batallas,
como el Hombre de la luna,
que pasa la vida pensando lanzarse al campo.
Otras veces conseguimos no andar fuera de juego.
Que vivir sólo consiste en tratar de ir ganando batallas,
aunque sepamos de sobra que la guerra esta perdida.
Y el metro de Madrid en hora punta es el infierno.
Y el metro de Madrid en hora punta es el infierno.

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