Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, mayo 01, 2004

Viajar en ascensor.

Las palabras en los ascensores pesan más.
Y eso asusta.
De ahí la sinsustancia de las conversaciones.
Qué calor hace. Sí, pero va a empeorar para el fin de semana. Pues vaya. ¿Qué tal las vacaciones? Cortas. ¿Y tu niña? ¿O era un niño? Era una iguana y esta fenomenal. Aha. Hola. Hasta luego. Buenos días...
Me gustaría que en lugar de repetirse las mismas fórmulas de siempre se dejara espacio para las novedades.
Sería divertido sustituirlas por refranes.
Quién con verde se atreve por guapa se tiene.
O por buenaventuras, como si viajaras dentro de una galleta china de la suerte.
“Una mujer morena traerá dinero y pasión a tu vida”.
O simplemente palabras que nos gusten.
Batiscafo. Saltimbanqui. Cincinatti. Tiramisú. Rascamoños...
Si alguna vez alguien me vuelve a decir tequiero, desearía que fuese en un ascensor. En uno del Reina Sofía que tienen cielo. Un tequiero en argentino y que no espere un yotambién como respuesta.
Mientras tanto soy feliz porque tengo un collar de macarrones pintados envuelto en papel de celofán amarillo. Para el día de la madre.
Camino de mi trabajo me encuentro con una marquesina con publicidad de ropa interior femenina Lejaby.
El texto: Remember me... Lejaby. La imagen: el primer plano de un rostro masculino que se parece a Ralph Fiennes, mirando soñadoramente al infinito con sus ojirris, mientras parece olfatear unas bragas que agarra junto a su nariz y a su boca, como a punto de componer un pornopoema.
Durante el día no puedo dejar de pensar en la pobre chica que se ha olvidado las bragas en casa de semejante sobado pasiego melancólico, supongo que por las prisas de escapar.
La deseo que la vaya bonito. Y que la den tequieros en ascensores o collares de macarrones.