Mortadelo viaja en metro
Hoy no hay quién despierte a Ele minúscula, que de madrugada me ofreció una exhibición de samba. De modo que le pongo el forro polar sobre el pijama, me la echo encima y me la llevo. Soy una cama.
Con tela de tapicería de Ikea, me he hecho una falda. Subo las escaleras del metro y oigo: _Mira juan, nuestro sofá. Soy un sofá. Un chico muy joven de los de noalaguerra me mira insistente. Le gustarán los sofás.
Han puesto pantallas en los andenes del metro. Subo al vagón. El proyector emite sus imágenes sobre mí. Los viajeros me miran. Soy una tele.
El metro va a rebosar, soy pisoteada varias veces. Soy una alfombra.
Me he sentado a cenar con 1 metro cúbico de ensalada. Me lo como. Soy una pelota de playa. Lucía me mira, abre un cajón, saca su bañador y se lo coloca como puede, sobre la cabeza. Su mirara lo corrobora. _Eres una pelota de playa.
Me transformo. Soy Mortadelo.
Hoy es 14 de mayo, si fuera yo sería mi santo y mi aniversario de boda. Y tal vez la nostalgia, con banda sonora de Van Morrison me hubiera puesto triste. Pero Mortadelo nunca tuvo sitio en el santoral, ni mucho menos estuvo casado, ¿de quién se va a enamorar Motadelo?. Es una suerte.
Fenomenos inexplicables: Viajo en la líneal 10. Como aviso del cierre de puertas suena el pitido psicopata de la película Psicosis. Juro que es verdad.

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