Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

miércoles, diciembre 23, 2009

La ley del deseo
http://www.youtube.com/watch?v=Mu5QPVD427o

Un lugar donde solo pasara lo que quisieras que pasase,
y si no puede ser me comeré los pies.
(Donde viven los monstruos)
.

Si me has espiado a fondo,
cosa que parece has hecho,
sabrás que… llevo una vida incompartible.
(La ley del deseo. Eusebio Poncela a Antonio Banderas antes de darse cuenta que es el hombre de su vida).

Si alguien espía...
Sabe que en Bulgaria no para de nevar.
Sabe que él a los 16, en la foto del pasaporte era tan guapo como un actor Sirio.
Sabe que a él nunca le dio miedo lanzarse a la piscina.

Si alguien me espiase
Sabría que
Me compro un coche nuevo.
Color Rubiasco.
Que se llama Capitán Kirk.
Lo ha bautizado Ele Minúscula.
¿Qué coche te has comprado?
Un Roomster. ¿Un qué?
Un Skoda Roomster. ¿Qué?

Puedo hacer trompos y alunizajes.
Decir que su matrícula es casi capicúa.
Como mi padre, al que siempre casi le tocaba la lotería.

Sabría que...
Me divorcio.
El juzgado está al lado de mi trabajo.
Bajo un momento a divorciarme y subo.
Me siento frente al tribunal.
Pienso en Flashdance.
No me piden que baile.
Son todas mujeres dormidas.
Oyen custodia compartida y despiertan.
¿La niña qué tal? Bien.
¿La niña? Bien.
Pero, ¿y la niña? Bien.

No sé si hacer un baile.

Sabría que...
La jaula gira en el centro de un terrorífico tornado.
Gira, gira y gira por los aires.
Más allá del Arco Iris.
Camino de Oz.
O camino del Infierno.

Sabría que...
Alguien con quien no viajo a Padúa un martes cualquiera,
a ver los frescos que pintó Giotto en la capilla de los Scrovegni,
mee recuerda en cuenta atrás que pronto seré un año más vieja.
Y yo ahí estoy con mi deseo preparado.
Para cuando sople las velas.
Para cuando vengan los Reyes.
Por si veo una estrella fugaz.
Con mi deseo inevitable.
Inalcanzable.
Que no parece poder ser.

Y si no puede ser me comeré los pies.

¿Tienes algún color favorito? ¿Puedo ser tu color favorito?
(Donde viven los monstruos).

jueves, noviembre 26, 2009

Nada para mí
http://www.youtube.com/watch?v=tbPA58xJI24

Él se fue a la China y al regresar la dijo que naranjas.
Naranjas de la China, pensó Ella.
Se compró un gato chino de escayola de esos que mueven el puñito.
Y lo puso en la mesilla.
Cada noche antes de dormir mira el gato.
Como la dice que no con el puñito.

Matt Bellamy canta.
Esto no significa nada para mí.
Porque no eres nada para mí.
Y no significa nada para mí.
Ya que lo echaste a perder.
Porque podrías haber sido el número uno.
Si sólo hubieses encontrado la ocasión.
Y podrías haber gobernado el mundo entero.
Sólo con que hubieras encontrado tiempo.

Ele minúscula se hyperemociona cuando en la película sale una escena de amor.
El chico y la chica van a besarse.
Ele se pone nerviosa, muy nerviosa.
Se revuelve, se atiza un rodillazo en la nariz.
Sangra. No para de sangrar.
¡Páralo, páralo, que me lo pierdo!, grita mientras se desangra.

Y una niña de inglesa de dos años de edad, padece una extraña enfermedad.
Cada vez que se llora se le para el corazón.

Bellamy insiste.
Aún no eres nada para mí.
Y esto no es nada para mí.
No sabes lo que has hecho.

Ele minúscula se sienta a mi lado.
Voy a escribir poemas para producir alegría, dice.
Poemas para producir alegría, escribe.
Pero le salen palabras como oscuridad, aullido, terror y lágrimas.
Borra el título.
Poemas para producir escalofríos, pone.

Y un Belga, mal diagnosticado en coma, pasa 23 años consciente todo el tiempo pero sin poder responder.
“Grité pero no se escuchó nada”.

Y el Bellamy también grita.
Podrías haber sido el número uno.
Podrías haber gobernado el mundo entero.
Y podríamos haberlo pasado muy bien.
Pero tú lo echaste a perder.

Y Ele minúscula estudia los vertebrados.
Le pregunto.
Se pone muy nerviosa.
No escucha, no piensa.
Dispara respuestas al azar:
¡Vivíparos!
Le digo que no.
Vuelve a responder.
¡Ovíparos!
Ahora cuando nos entra el nervio exclamámos:
¡Vivíparos! ¡Ovíparos!

Y tras 487 días atrapada en un ascensor, el ascensor se mueve.
Aún no se si hacia arriba o hacia abajo.

Quién pudiera cruzar los brazos como sólo esas mujeres con abrigos azul marino saben hacerlo.

martes, noviembre 10, 2009

Mujeres, pelos y abismos
http://www.youtube.com/watch?v=Xsp3_a-PMTw

En el metro, una mujer perfectamente peinada se ha puesto a llorar a gritos.
Ha pasado la hora punta y el vagón va medio lleno.
Viaja sentada. Llora inmóvil. Tres gritos, cuatro.
Nadie dice nada.
Dos de los viajeros se acercan despacio.
Uno le da un Kleneex. Ella lo coge. Se suena.
Otro pregunta algo muy bajito. ¿Un estás bien?
Ella no contesta. Le mira.
Parece querer contestar, pero no saberse la respuesta.
Quizá se le ha muerto alguien, la han abandonado, la han despedido, no quedaba chocolate en la nevera o se le ha roto una uña.
Me clavo una uña en la palma de la mano, aprovechando que no está rota.

Cerca de mí, una mujer inteligente y perfecta espera.
Déjame un tiempo, necesito pensarlo, le dice el hombre que ella considera el hombre de su vida.
Y ella espera.
Trabaja y espera. Se peina y espera. Ríe y espera. Llora y espera. Se desespera y espera.
Ve películas extrañas mientras espera y a veces se lava el pelo.
De momento no deja de esperar.

En una sala de espera, una mujer saca del bolso una agenda cuidada de tapas grises, un boli y apunta escrupulosamente cosas que hacer para no se le olviden.
Pagar el IBI, comprar suavizante y pan Bimbo, poner lavadora.
Dentista. Pediatra. Cumpleaños Marta.
Viernes peluquería. Cortar el pelo y peinar
.
La agenda de la que están hechos sus días. Su vida.
De tapas grises.

Una mujer que no sabe de informática se reinstala el disco duro, el sistema operativo, los drivers, el office 2007, el antivirus, el reproductor de vídeo, internet, el navegador y el emule en el portátil.
Antes hubiese esperado.
Hubiera pedido el favor, pagado a alguien que viniera.
Ahora ya no.
Ha decidido que ya no espera.
Todo es más real, más difícil, más justo y funciona.
Al mirarse en el espejo descubre que hoy no se ha peinado.

Otra mujer le pregunta sobre qué debe hacer.
¿Debo esperar o escapar? Cada vez tengo menos ganas de peinarme...

Te puedo reinstalar el disco duro, el sistema operativo, los drivers, el office 2007, el antivirus, el reproductor de vídeo, internet, el navegador y el emule en el portátil
, le responde.

La mujer atrapada e indecisa la mira sin comprender.

Así puedes bajarte la serie True Blood y guardarla para verla en Nochevieja, dice la mujer real.

En un pueblo de las montañas del Nepal existe la poliandria. Las mujeres tienen varios maridos. Ellas tampoco parecen muy felices, añade la mujer real sin saber a santo de qué.

En una habitación una mujer tras hacer el amor hace el pino desnuda para que Él no la olvide. Boca abajo, del revés y despeinada.
Después espera.
Ya hace mucho que espera.
Demasiado.
Espera a que Él regrese.
De Hong Kong o de Shangay. Qué más da.
Hace tanto tiempo que espera que se olvida de que Él en realidad nunca estuvo.
De vez en cuando la llama, eso sí, y dice que lo intenta.
Quizá podemos vernos esta tarde, la dice.
Ella se lava el pelo y se peina.
Él finalmente avisa y dice que no viene.
Qué bien que avisa, piensa.
Y sigue esperando.
Un día más, una semana más.
Hasta marzo, hasta verano, cuando llegue el otoño.
Hasta Navidad.

Tengo frío, ya hace frío.
Los estantes de los supermercados andan llenos de Turrón.
La Navidad se acerca.
Y con ella los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras.

¿Qué hago? ¿Espero o escapo? Piensa una mujer.
Le resulta difícil decidir porque no logra recordar que demonios era lo que esperaba.
Algo grande, algo gordo, algo inmenso.
Algo que le ayuda a peinarse cada mañana.
Total ya lo dijo no recuerdo quién:
Lo que llamamos realidad no tiene más sustancia que la adquirida en nuestras mentes.

Y cada mañana uno se peina tozudo y terco.
Y se enfrenta a sus fantasmas como puede.

lunes, octubre 12, 2009

Ashes to ashes
http://www.youtube.com/watch?v=HyMm4rJemtI

- Salta.
- ¿Que salte?
Tras la valla un mini acantilado rocoso.
Salto.
Con vértigo y chanclas.
Si hay que saltar se salta.

Hace calor y demasiada luz.
Como en una película quemada y sobre expuesta.
La frente arrugada, los ojos de china.
El mar es de acero inoxidable.
Y el horizonte el filo de un cuchillo.
Mi hermano me da un guante de latex.
Pienso en cirujanos y preservativos.
En la zona prohibida del planeta de los simios.
En rocas, en la luna, el universo y tu ombligo.
En religiones con dioses que son asas para no caer.
En una mujer frustrada que arroja una copa a la Mona Lisa.
En una niña que sobrevive en el bosque agarrada a su perro.
En el telescopio Spitzer captando los restos de un choque de planetas.
En lavadoras rotas, discos duros defectuosos y platos en el fregadero.
En Beirut, en Birmania, en Borneo y en Bulgaria.
En todo.
En nadas.

- Ahora tú. Coge un puñado y lánzalas al mar.
Y cojo un puñado y las lanzo al mar.
A ese horizonte que es el filo de un cuchillo.
Al viento.
Y como en el Gran Lebowsky de los Coen, el viento nos las devuelve.
Un polvo gris, pegajoso y triste.
- Mira que eres torpe, imbécil.
- Idiota.
- Anormal.
Lanzo otro puñado. Más bajo y desviado.
Por un momento el gris ceniza se vuelve plata.
- Estrellitas, hemos visto estrellitas, grita Ele minúscula a lo lejos.
Desde la mitad de expedición que no anda en edad de saltar vallas.
Efecto de la luz del mediodía sobre el mar de acero inoxidable, pienso.

Los días se vuelven lentos, de cine y de comilona.
De siesta y de buceo en bonitas y escondidas playas nudistas.
- Estoy rodeada, hija que vergüenza, dice mi madre.
Desde su tumbona y bajo una sombrilla de paja.
Con un tono de carromato en el oeste a punto de ser atacado por los indios.
Días de familia pequeña y coja.
Y cada noche, Johnny el camaleón nos mira desde su jaula con el punto negro de su ojo frío.
Desde su jaula.
Con impasibilidad divina o de francotirador.
- Yo también tengo jaula, le digo.
- Una jaula que es una fiesta de disfraces. Cada vez con más dobleces y más trampas.
- Y sigo sin saber ponerme la careta...

Al fin acaba el fin de semana largo, gris, pegajoso y triste…
Mañana madrugaré y me peinaré.
Montaré en tren para ir a la jaula.
Y un día más me revelaré dócil y muda.
Avanzaré dentro del tren en sentido contrario al de la marcha.
Con tacones, prisas y desequilibrio.
En sentido contrario.

“Todos nos volvemos locos alguna vez”, dice Anthony Perkins en Psicosis.